ESTIGMA Y DISCRIMINACIÓN

 

Una de las consecuencias más profundas de la epidemia de VIH, a parte de la incidencia en la salud de las personas, es el estigma y la discriminación que sufren las personas que viven con el VIH. Es complicado desligar los aspectos clínicos de los aspectos sociales. En el ámbito medico se ha avanzado mucho en el tratamiento y en el diagnóstico, aumentando la esperanza y la calidad de vida de las personas que viven con el VIH, pero el rechazo y la discriminación siguen muy presentes.

Esta discriminación atenta contra la dignidad de las personas, vulnerando los derechos humanos más fundamentales.

Además, debido al estigma, se genera un gran obstáculo en el tratamiento y la prevención de VIH, ya que se pueden producir conductas de riesgo por miedo a reconocer el estado serológico, así como miedo a la realización de la prueba, ocultando, por tanto, las prácticas de riesgo llevadas a cabo.

Muchas personas son discriminadas no sólo por vivir con el VIH, sino porque se les presuponen prácticas de riego que no se consideran dentro de la sexualidad hegemónica, como las relacionadas con su sexualidad, su orientación sexual o su identidad de género.

De esta manera, surgen la homofobia y la transfobia como una forma de violencia y discriminación que fomenta un ambiente inseguro para estas personas alejándolas de los servicios de salud preventivos y de atención establecidos. Vincular a la población homosexual, bisexual y transexual con el VIH/SIDA provoca más discriminación cuando lo que realmente provoca la infección por el VIH es el tipo de práctica sexual no protegida.

Con respecto a las mujeres, es necesario tener en cuenta que son más vulnerables a la infección por VIH que los hombres, debido a factores biológicos, socioeconómicos y culturales y las desigualdades y el impacto de la violencia de género en sus diferentes expresiones, es una de las causas más importantes para el aumento de dicha vulnerabilidad con respecto a la transmisión del VIH.

 

El estigma y la discriminación  producen:

  • Miedo al aislamiento social que en muchas ocasiones aleja a las personas seropositivas de los servicios sanitarios para realizarse, incluso, una prueba de detección del VIH.
  • Limitación de las relaciones interpersonales lo que conlleva, de nuevo, al aislamiento.
  • Actitudes de evitación a las visitas médicas que pueden facilitar la transmisión del VIH por desconocimiento del estado serológico.
  • Rechazo social y laboral.

 

LA INFORMACIÓN ES PLACER: ES UNA CUESTION DE DERECHOS

Enlaces de interés:

http://www.gtt-vih.org/

 

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